jueves, 2 de julio de 2020

Historias humanas de un creador digital


Le prometí que iba a dedicarle un post, le hace ilusión y cumplo mis promesas. Y si no las cumplo es por despiste, los que me conocéis sé que no me lo tenéis en cuenta. No todos los días te hacen una entrevista porque el entrevistador crea que tu trabajo pueda ser de interés para los demás. Javier pensó que sería buena idea y no me pude negar. Nunca me habían hecho una entrevista como bloguera y debo confesar que estaba muy nerviosa, porque una no está segura si logrará explicar con palabras la esencia de su trabajo sobretodo teniendo en cuenta que escribo este blog basándome en mis emociones. Pero ¿Qué podía salir mal?



¿Quién es Javier? Javier es un chico sensible, trabajador y divertido que un día por una suma de casualidades y encuentros se cruzó en mi camino. Él tenía un canal de YouTube donde publicaba reportajes humanos y ahora tiene otro donde realiza entrevistas a personajes (Podéis visitar su canal haciendo clic aquí). Son encuentros por videollamada que tienen un trasfondo humano, con un toque de humor. Él pregunta, realiza varios juegos de palabras con humor inteligente y a la vez absurdo (las típicas bromas que te pueden hacer reír a carcajada limpia). Esa interacción con su entrevistado es seña de identidad en todos sus trabajos audiovisuales.


No podría ser de otra manera. Javier no podría vivir la vida sin sonreír, a pesar de que la vida no se lo ha puesto fácil. Aún demasiado joven ha tenido que vivir intensas experiencias, muy duras. Golpes dolorosos que le ha dado la vida y de los que ha sabido siempre levantarse y continuar adelante, sin abandonar su propósito de aportar a este mundo cruel su magia particular. Tuvo que decir adiós a su padre tras una larga enfermedad en la que Salvador, que así se llamaba, luchó con todas sus fuerzas. Javier España no se guarda ningún sentimiento, necesita compartirlos, y así, de repente, te encuentras con vídeos suyos donde habla del acoso escolar que sufrió o de la hipocresía de personas que le han decepcionado.


La última vez que le vi en persona fue en una atestada calle Larios, en Málaga, en pleno mes de diciembre. El Ayuntamiento de la ciudad acababa de inaugurar el alumbrado que, como sabéis, forma parte de la historia de la ciudad y supone un atractivo tirón para el turismo malagueño que asegura la visita de cientos y cientos de turistas llegados de todas partes. Qué probabilidades había de verlo entre aquella masa ingente de humanos abarrotando la calle por la que era casi misión imposible pasear sin serpentear cuerpos y cámaras y móviles mirando al cielo. Y así me lo encontré, como siempre va, con su cámara al cuello buscando a sus protagonistas. Acechando aquellas luces que luego enamoran en sus reportajes. 


Lo paré, me vio y nos saludamos. La última vez que había hablado con él fue con motivo de la muerte de su padre y me pareció tan valiente que un triste acontecimiento de aquella magnitud no le hubiera frenado las ganas de contar al mundo lo que ve tras su objetivo. Yo iba con mi padre, que había venido con mi madre y unas amigas a ver las luces, y se lo presenté. Lo noté algo serio y temí haber cometido una equivocación ante la posibilidad de haber despertado en él la tristeza por la pérdida del suyo. Al instante me sentí terriblemente mal por si había sido desafortunado aquel impulso por mi parte, pero Javier mitigó mi temor y soltó alguna de sus bromas, interactuó con mi padre (al que tampoco le hace falta mucho empujón para hablar con alguien) y hasta acordamos que me compraría una cámara de fotos. Esto aún lo tengo pendiente.




Te lo prometí en nuestra entrevista Javier, y aquí está el post que te dedico. Eres el ejemplo claro de que la constancia por lograr un sueño es la clave para alcanzarlo. Una treintena de personas comentan tus vídeos que obtienen muchas visualizaciones. Mientras que luchas contra la hipocresía, sin esconder nada, librando mil batallas, aquí sigues. Tu trabajo es inspiración y ha sido un honor formar parte del elenco de tus entrevistados. Personas de a pie, que, sin ser famosas han influido de  alguna forma, en menor o mayor medida, en otras personas que creen en ellos. Sigue creyendo en ti mismo y superando barreras. Te esperamos al otro lado de la pantalla cada semana con un nuevo episodio en tu canal que nos siga dando lecciones de vida y grandes momentos.

Aquí os dejo nuestra entrevista. Gracias Javier.

viernes, 15 de mayo de 2020

Conocerse a uno mismo en la nueva normalidad


La concentración no es nada fácil en época de confinamiento. Cuesta leer, escribir, crear. Trabajar desde casa o movernos con las mascarillas dejándonos mínimo aire que respirar. La mente está expuesta a un continuo brote de emociones, expectativas, cambios y adaptación que hace que lleguemos más sedientos que nunca a los pequeños oasis de felicidad y desconexión. 



Muchas noticias que vemos u oímos en los medios de comunicación pueden provocar una visión desalentadora del futuro y esto merma nuestro estado de ánimo. El entusiasmo (sobre el que hablé en este otro post) que nos impulsa desde dentro corre el peligro de quedar injustamente sepultado. Con este paisaje, parece tabú hablar sobre los instantes felices. Creo que es necesario ahora más que nunca. Debemos alimentarnos constantemente de lo bueno que nos pasa.



Mi experiencia puede ser como la de cualquier otra persona que pueda sentirse algo perdida en estos tiempos que corren. Por la tensión, preocupaciones, etc., aparecen nudos en todas partes de mi cuerpo día a día. Los físicos ya piden una visita urgente al fisioterapeuta (el teletrabajo influye en esto) pero me preocupan más los nudos en el estómago y en la garganta.



Ahora tiene mucho valor para mí practicar el auto conocimiento. Localizar de dónde vienen esos nudos y por qué los siento. Cómo ser mejor persona, qué puedo aprender nuevo o mejorar de aquello que me gusta, qué puedo ofrecer. Aprender, en definitiva, más sobre mí misma

Deseo aprovechar al máximo mi tiempo. Leer, investigar, mantenerme informada, escribir, ampliar horizontes en todos los sentidos. Agradezco el tiempo en casa, creo que hay que saber ver las oportunidades que brinda la vida. Me he dado cuenta que si soy positiva la concentración viene sola e intento aprovechar ese instante revelador.

Reconocer nuestras debilidades sirve también para crecer. Me cuestra crear una rutina en firme, pero no decaigo en el intento. Veleta y soñadora, me siento dentro de un juego peligroso entre deseos, obligaciones propias de la casa, dudas, estados de ánimo y montañas rusas de sentimientos. Es por ello que me refugio en la misión de trabajar en mí misma. Aunque mente y cuerpo entren en desacuerdos, acabamos llevándonos bien por el bien (valga de redundancia) de ambas. Somos como cualquier pareja con sus normales discusiones de convivencia.

Ante todo valoro estos días solo para mí. No los tendré siempre y los considero un regalo. Sin obsesionarme con el paso del tiempo, simplemente acepto que hay días más productivos que otros. La rendición es necesaria a veces para coger impulso de cara a otro momento más idóneo o en el que la motivación sea más fuerte.


Cada uno tiene sus propias circunstancias personales y laborales. Mi padre me dió un gran consejo hace años: hay que adaptarse a lo que uno tiene. Quiero seguir pensando que lo que nos mantiene vivos son todas esas cosas que nos hacen sonreír, lo que nos llena de alegría el corazón, lo que nos inspira y quienes nos aportan cosas positivas. Nuestro oasis particular donde encontrar paz y respuestas a la incertudumbre está dentro de nosotros mismos. Exploremos en ese interior para poder brillar hacia fuera y poder ver al fin el camino a seguir.


domingo, 3 de mayo de 2020

Hoy es el día de la madre


Hoy es el día de la madre y quisiera abrir la ventanilla del coche mientras llego a Motril. Lo haría justo al llegar al cruce de entrada a la ciudad, donde hay que esperar en aquel stop peligroso, y extrañamente atractivo, que tan bien conozco. Aprovecharía ese intermitente segundo para bajar el cristal y sacaría levemente la cabeza, sacudida por el aire de la costa. El salitre flotando y yo naciendo de nuevo en el Mediterráneo.



Pasaríamos después por debajo del Candelón, luego por delante de los grandes supermercados y las franquicias. Aparcaríamos cerca de las palmeras de la entrada y seguramente coincidiríamos con mi hermana María aparcando también su coche. Ella subiría la música, porque estaría escuchando alguna de nuestras canciones favoritas. Y saldríamos del vehículo a ritmo de reencuentro, cerrando los ojos con la melodía, alzando los brazos bailando bajo el sol de hoy, certero. La pequeña fiesta que despierta los recuerdos.


Pegaríamos a la puerta o abriríamos con la llave. Coco nos saludaría moviendo el rabo mientras que gritamos el nombre de mamá, buscándola por la casa. Y la encontraríamos seguramente en la cocina donde todo ocurre en casa. Reuniones, cafés, películas a medio gas. Las compras del sábado en el suelo. Los bailes esquivando la trona del bebé. Alfileres en el portavelas de cristal esperando tela a la que abrazar. Charlas entorno a la isla, donde dejamos siempre los móviles y las llaves.


Abrazaríamos a mamá mientras ese olor tan suyo, dulce e intenso, a flores recién recogidas, llega hasta lo más profundo. Perfume natural dibujaría corazones en los ojos.


Así debería haber sido el día de hoy.



Me viene a menudo una imagen. Mi hermana, mamá y yo sentadas las tres en el sofá una tarde de sábado o de domingo, viendo una de esas películas románticas que nos gustan. Que mi madre comente lo limpios que están siempre esos porches gigantes, como el de la casa que arregla Noah para Allie en el Diario de Noa.


Hoy es el día de la madre y siento que este lugar no me pertenece. No debería estar hoy aquí. Debería haberse cumplido todo esto que he descrito, profeta en mi tierra y lleno de esperanza el corazón. El olor a mar y a flores. El baile de la vida reencontrada. El hogar. Y mamá esperándonos.