miércoles, 30 de julio de 2014

Grandes personas y grandes comunicadores

Hoy ha sido el último día de clase del III taller de presentadores de televisión del Laboratorio de la Voz. Igual que hiciéramos el primer día en el aula, por aquel entonces sin conocernos de nada, uno a uno nos hemos puesto delante de nuestros compañeros y nos hemos preguntado los unos a los otros cómo nos sentimos y qué pensamos de este mes, de las clases y de las experiencias que hemos vivido. Pero, en esta ocasión, con una historia de convivencia detrás muy intensa, que nos ha tenido con el nudo en la garganta las cuatro horas que ha durado la clase.

Nos llevamos amistades muy especiales, emociones muy fuertes y momentos irrepetibles. No hemos podido contener las lágrimas y eso ha hecho que este último día haya sido muy emocionante. Y es que, muchos de nosotros no queríamos acabar el taller, como una manera de no despertar de ese sueño en el que nos sumergimos de lleno hace un mes. La tristeza de tener que separarnos, de volver cada uno a su tierra después de habernos desnudado por completo en cada una de las clases, se ha mezclado con la alegría de condensar todos los recuerdos y todo el cariño que nos tenemos los unos a los otros.




El miedo al ¿y ahora qué? y al qué camino coger para encontrar una oportunidad laboral, ha estado muy presente en las preguntas y respuestas que hemos intercambiado hoy entre nosotros. Pero sobre todas las lecciones que debemos tener en cuenta, hay una que es la que más se ha repetido: el no hacer leña del árbol caído, porque es humano equivocarse y porque los errores enseñan muchas cosas y valores. Por eso, cuando nos vemos a través de una pantalla a nosotros mismos haciendo una cosa que nos podría haber salido mejor o que no ha quedado como nosotros esperábamos, no debemos fustigarnos ni avergonzarnos, sino seguir creciendo.Y esa ha sido una de las enseñanzas principales de Jorge Javier Vázquez, quien ha estado con nosotros a lo largo de todo el curso, intentando abrirnos los ojos para que el desánimo no cundiera entre nosotros.



Y así, un día más, hemos podido contar con los consejos de Jorge, un profesional con una historia muy grande detrás y una trayectoria sorprendente, que ha querido compartir con todos nosotros sus propias inseguridades y miedos, experiencias con las que nos sentimos identificados. Quería transmitirnos que la realidad del presentador no está tan mitificada como parece y que la profesión, como la vida misma, está llena de momentos en los que ser uno mismo y crecer a base de experiencias es lo que hará que realmente seamos buenos en nuestro trabajo. Sus consejos valen oro y su cariño hacia nosotros es algo que ya llevamos en el corazón. Es una gran persona y se ha volcado con nosotros demostrando su humanidad, la manera que tiene de entender la profesión de presentador y el mundo que lo rodea.



Gracias por todo, a todos y cada uno de mis compañeros y a los profesores que tanto nos han ayudado a tener los pies en el suelo y a hacernos sentir especiales. Ha sido un gran taller lleno de grandes personas y grandes comunicadores. Muchas suerte a todos!!no os olvidaré nunca. A algunos de vosotros os veo esta noche para celebrar tantos y tantos momentos juntos. Nunca pensé que 80 horas de clase dieran para tanto, pero, sobre todo, nunca imaginé que todo ese tiempo haya revolucionado tanto mi modo de ver la televisión y una profesión que está tan llena de tantas recompensas como desencantos, lugares donde reside la magia de la tele y de cuantos trabajan en ella.

Os veo pronto donde el destino, el azar o las circunstancias de la vida quieran llevarnos. Con nosotros siempre irán las ganas de equivocarnos para saborear las imperfecciones de la vida, que es lo que realmente nos forma como seres humanos capaces de transmitir emociones al público.



domingo, 27 de julio de 2014

Madrid

Madrid es algo más que la propia fantasía de encontrarte a lo más variopinto del famoseo español o, incluso internacioanal, por sus calles. Es mucho más que ver andando a Marta Hazas hablando por el móvil por Preciados, a Paco León comprando en un Mercadona, a Mario Vaquerizo abriendo la nevera de un chino para coger una cerveza o a la pareja del momento, Dani Rovira y Clara Lago, cogiendo su moto en Chueca, dispuestos a sortear el tráfico madrileño.

Todo eso está muy bien, puede llegar a ser incluso emocionante si alguno de ellos es tu ídolo o si lo admiras por su carrera profesional o, si simplemente te hace gracia el hecho de ver que son de carne y hueso y buscas la foto de recuerdo o para chulear en el Facebook ante tus "amigos". Madrid es mucho más que todo eso, aunque un anuncio publicitario en mitad de la Latina intente hacer un juego de palabras entre las estrellas del firmamento, las que salen por la tele y las que categorizan la cerveza de turno.

Madrid es sentarse a comer en cualquier terraza con un edificio enfrente que respira historia, y cuya fachada hace que ignores completamente las olivas que te han puesto de "tapa", a pesar de que ya va picando el hambre. Es hacerte disfrutar a la sombra de árboles centenarios, en un paseo por el embarcadero o en un romántico recorrido por los interiores del Palacio de Cristal en el Parque del Retiro. 





Madrid no es solo Cibeles, la Puerta de Alcalá o ir de compras tomando como punto de partida la Puerta del Sol. Madrid es perderte entre los cientos de puestos del rastro de La Latina, comer auténticas delicidas en el bello Mercado de San Miguel, es vivir emociones en Callao, donde un día te han montado un sarao con el estreno de una peli, el Orgullo se monta una fiesta espectácular o de repente te encuentras una bolsa gigante (aunciando algo) en mitad de la plaza. 

Madrid es adentrarse en la historia del templo de Debod, visitar el Guernica en el Reina Sofía, contemplar el Palacio Real y la Catedral de la Almudena, mientras el sol ilumina cada uno de los detalles de sus fachadas. Es perderte por los bares de Lavapiés o pasear por la noche por el barrio de las Letras, mientras vas leyendo piezas de nuestra literatura escritas en sus calles, al mismo tiempo que llegas a plazas con fachadas iluminadas y un tumulto de gente en las terrazas disfrutando de la ciudad.

Madrid es tener un encuentro con una gran variedad de barrios con encanto que invitan a recorrerlos de principio a fin. Es una ciudad que te pide a gritos un calzado cómodo porque ansía que la recorras maravillándote por cada rincón pintoresco con el que te vas topando por el camino. Madrid es el encuentro entre las más amplias opciones de disfrutar del arte, la gastronomía, la gente y la cultura y las ganas de descubrir constantemente más y más lugares que te dejan sin habla. 



Mi llegada a la capital española fue un plan que vino totalmente por sorpresa, prácticamente fruto de una decisión importante que tuve que tomar de un día para otro. En mi caso, apenas contaba con una semana para organizar mi viaje, buscarme un sitio "digno" para pasar un mes y encontrar dónde estaban los sitios en los cuales nos iban a impartir clase para, por lo menos, tener un control de mis objetivos predilectos dentro del enorme callejero madrileño. 

Debo confesar que escoger un habitación de alquiler casi a ciegas, solo guiándote por unas fotos que, a la legua se notaban bastante retocadas, es un poco arriesgado. Era solo para un mes, me dije, así que desde la distancia pagué mi alquiler. Si tenía un lugar para vivir, todo lo demás vendría rodado, pensé. Y así fue. Luego, claro, te encuentras con cinco compañeros en un piso viejo y pequeño, sin salón, y con un colchón  que se empeña en actuar de embudo, hundiéndose por el centro. 

Lo más curioso de todo es cuando vas a la cocina y te encuentras con que se ha acabado el jabón para fregar los platos y alguien ha puesto en su lugar el que hay en el baño para lavarse las manos. Y así, mil anécdotas que denotan que la cadena humana para ir comprando uno a uno las cosas en común para el piso, con forme se van gastando, se ha roto en algún punto.

No cabe duda que Madrid es una caja de sorpresas. Es tan grande y está tan llena de posibilidades, de cosas que hacer, que conocerla en profundidad puede llevar años. Un mes no da para mucho, pero si sabes aprovecharlo bien, puedes llevarte de vuelta a casa un baúl de recuerdos, vivencias, amigos y paisajes urbanos que permanecerán en tu memoria siempre. Un solo día en la ciudad te cambia por completo la manera de ver el mundo, porque entiendes que existe una belleza que antes desconocías, aunque sea sentada en las escaleras del edificio de telefónica.


 O volviéndote loca en el buffet de sushi...


O invadidos por el arte en el edificio Centro Centro del Ayuntamiento de Madrid...


El mes ya va dando sus últimos coletazos... y, como veis no me lo estoy pasando nada mal, porque intento hacer un poco de todo, aunque centrada sobretodo en mis clases. 

El reloj ya marca una distancia cada vez más pequeña entre yo misma y mi despedida de la ciudad. Me espera una semana más de sorpresas porque Madrid nunca sabes qué te va a deparar y eso es lo que la hace excepcional.

Feliz Semana a todos :)



lunes, 14 de julio de 2014

Contadores de historias

Pensad por un momento en lo que más os guste hacer e imaginaos trabajando en eso. No hablo de retos ni de metas, hablo de ser lo que queramos ser, picando de todos los palos, sin dejar de prepararnos para ser mejores en eso que tanto nos gusta. Cuando tengáis ese alimento que os llena el alma de ilusión, imaginad que invertís vuestro tiempo y lo poquito que tenéis ahorrado en formaros en ello, en buscar un camino, en recibir clases de un grupo de profesionales expertos en eso que tanto os gusta.

Visualizad cómo sería practicar delante de ellos para que opinen de vosotros, os pongan entre las cuerdas, os reten, os aconsejen y os orienten. Preparaos para ser criticados cuando lo hacéis mal y tened la fuerza necesaria para encajar los "golpes". Si no la tenéis, buscadla en cada lágrima que os produzca el miedo o la inseguridad, en cada crítica o desaliento. Pero no olvidéis la lección: jamás os rindáis.

Eso es lo primero que hemos aprendido en el taller de presentadores de televisión, a no tirar nunca la toalla. Eso es lo que nos recuerdan en cada clase todos y cada uno de los profes, a que nada ni nadie nos haga dejar de intentarlo. Eso es lo que más me gusta porque pienso que eso es lo que toda persona no debe olvidar nunca, se dedique a lo que se dedique, sea lo que sea lo que quiera hacer de sí mismo.



Y aquí sigo en Madrid, aprovechando al máximo esta inversión que he hecho, alimentándome cada día sobre el cómo y el por qué he llegado a donde estoy ahora. Todo tiene la misma respuesta: aprender. Y somos como una esponja dentro de este Laboratorio de la Voz. En la foto aparezco en la puerta del centro donde tenemos algunas de las clases.

Las clases más prácticas las tenemos en el plató de CES, el centro de estudios donde la Universidad Camilo José Cela imparte clases en materia audiovisual. El lugar donde nos ponemos en las manos de nuestros profesores. Por ejemplo, aquí en esta otra foto de abajo, Raquel Sanchez Silva me da paso desde el pinganillo. Yo, se supone, estoy en Cayo Paloma presentando una prueba de recompensa del programa Supervivientes.



El trabajo que mis compañeros y yo queremos desempeñar no se diferencia demasiado de cualquier otro. El trabajo que queremos hacer es el ser buenos contadores de historias que escuchará la gente desde su casa. Personas con las que tenemos que lograr una conexión especial, una cercanía, una pasión. Hablar es fácil pero nosotros queremos comunicar, eso es lo que estamos aprendiendo.

En el taller, los profesores nos dicen que tenemos que emocionar, traspasar la pantalla con una mirada de seguridad y naturalidad, que tenemos que ser nosotros mismos, hablar como hablamos, potenciando lo que nos hace especiales, utilizar el tono y la voz que exija el momento, filtrar la información que nos llega y quedarnos con la esencia de los acontecimientos, como si fuéramos un embudo. Nos dicen que nos movamos por titulares, por el hilo que reconduce la historia, por eso que haga saltar al espectador del sofá. Hemos aprendido que cada historia tiene ese “algo” interesante que debemos sacar a la luz, tanto si entrevistamos a un invitado en plató, como si damos una noticia en un informativo.


Este taller está siendo toda una experiencia. En cada clase desnudamos los miedos, hablamos de lo que nos preocupa, de lo que deseamos mejorar, de lo que queremos conseguir. Todo lleva siempre al mismo camino, a esa dura lucha por intentar creernos que somos buenos en lo que hacemos. Los profesores nos dicen que sí, pero no es fácil despojarnos de nervios, inseguridades, miedos... Y tenemos que creérnoslo para comunicar esa seguridad mirando a cámara, sin duda, lo más complicado.

En el ecuador del taller ya vamos sintiendo que cada aprendizaje nos está sirviendo de mucho, y eso tiene un valor que solo se puede medir con la emoción que se debe sentir al traspasar la pantalla de un televisior. Lograr eso es el siguiente paso.

Gracias a todos lo que me apoyáis desde la distancia. Desde aquí se os echa de menos pero se os siente cerca. Un abrazo fuerte :)

Y para mi hermanita, una foto que le hace mucha ilusión...








martes, 1 de julio de 2014

De Motril a Madrid


Las palabras que vienen tras un silencio suelen ser las más importantes, porque son las más meditadas. Y la primera clase en el Laboratorio de la Voz ha estado llena de muchos consejos meditados y medidos. Los 14 alumnos que hemos sido seleccionados en un casting para realizar el III Taller de Presentadores de Televisión, estábamos nerviosos por nuestro primer día de clase. Teníamos que llevar preparado un caso del programa Hay una cosa que te quiero decir, para presentarlo, no sólo delante del resto de los compañeros como si fueramos los presentadores del programa, sino delante del que ha sido por mucho tiempo el presentador del mismo. 

Uno a uno, íbamos saliendo al "escenario", y uno a uno íbamos siendo evaluados, para ver qué tenemos que mejorar, qué vamos a pulir a partir de ahora y durante todo el mes de julio en el taller. Antes de cada consejo, unos segundos de silencio. Unos segundos de misterio ante lo que Jorge Javier nos tenía que decir. Una de las veces le dijo un alumno, -qué intriga. Otra de las veces, el mismo profesor nos decía, espera, espera que estoy...(pensando). Y tras el silencio un consejo de esos que nunca se olvidan. Hoy se ha involucrado mucho con cada uno de nosotros, ayudándonos a sacarnos partido. Contándole mi llegada a Madrid y alguna anécdota me dice, "eso, sonríe, que ganas muchísimo sonriendo, y cuentame la historia como me estas contando ahora mismo esto" :)
Los compañeros hemos pasado una mañana compartiendo experiencias. Hemos hablado de nuestros temores y miedos, de los nervios que pasamos, del por qué de las sensaciones que tenemos antes de salir a escena, de lo importante que es que nadie nos quite la ilusión de trabajar en lo que nos gusta, de los mitos y leyendas sobre ser presentador de TV, de la competitividad "tóxica", o de la sonrisa y la naturalidad que siempre debemos mantener.

En el Laboratorio de la Voz hemos desmentido teorías, desenmarañado sentimientos, hemos opinado de la profesión de presentador. Ya hemos empezado a aprender a corregir nuestros errores y a pulir todas aquellas cosas que nos hacen especiales. Hoy J.J. nos ha dicho que valemos para ser presentadores de tv, que tenemos buena base para ello. Hoy ha comenzado la aventura.


Y aquí me tenéis en mi habitación de Madrid, ilusionada con el dossier del Laboratorio de la Voz y contenta porque me han elegido de entre muchos candidatos para aprender a ser una buena presentadora.  Desde técnica vocal a presencia escénica, desde presentar un informativo a conocer cómo se hace una conexión en directo o cómo se realiza una buena entrevista. Y todo ello de la mano de grandes profesionales reconocidos y expertos en todas estas materias. 

Cuento esto en el blog por una sencilla razón, porque sé que a los poquitos que lo leeis os va a hacer mucha ilusión que compartamos juntos esta emoción. A todos lo que nunca habeis dejado de decirme que podía conseguirlo, a los que siempre han creído en mí pasara lo que pasara en mi vida y tomara la decisión que tomara, los que me han dado palabras de ánimo y apoyo, de cariño, de confianza. A todos los que siempre me han dicho que nunca abandonara mis sueños, a los que me han hecho sentir siempre bien conmigo misma, a todos vosotros os he traído hasta Madrid conmigo.

Sois las primeras personas de las que me acordé cuando sonó el teléfono y me dijeron que me habían seleccionado, y a todos os metí en la maleta cuando empecé a prepararlo todo para venirme a Madrid.  Porque esta no es mi aventura, es nuestra aventura. Porque no estoy aquí sola, sino que formais parte de todo este sueño que estoy viviendo.


Cuando se abre una ventana hay que aprovechar esa oportunidad que te brinda la vida, aunque estés asustado o tengas que enfrentarte a cosas nuevas para tí. Existe la posibilidad de que no alcances lo que te propongas, pero no será por no poner todo el corazón en intentar lograrlo.

Hoy será mi segunda noche en Madrid, os iré contando más cosillas de nuestra aventura y de la capital, la cual aún tengo que disfrutar.

domingo, 22 de junio de 2014

Aulas con personalidad propia

Gran diversidad y pluralidad. Orígenes y procedencias muy diferentes. Alumnos llegados de Granada, de México, de Marruecos, de Almería...Sociólogos, Logopedas, Licenciados en Historia, en Periodismo, en Educación... Personas de diferentes ideologías y religiones, con caracteres contrapuestos, de diversas edades y con variedad de personalidades, pero con un interés común, la comunicación.Y yo, de vuelta, o al menos en parte, a mi mundo, tras haber estado tan desconectada de él por culpa de las circunstancias, me volvia a encontrar con profesores y compañeros en una Universidad, pero de una manera bien diferente a hace años. Ahora iba a intentar estudiar y trabajar a la vez. Estudiar, para seguir subida al tren que quiero que me lleve a mi destino, trabajar, en lo que se pueda para sentirme util y tener opciones de una vida.

Ajena aún a todo lo que iba a traer consigo el compaginar ambos caminos, aquel día de noviembre, en la inauguración del Máster de Comunicación Social de la Universidad de Almería, cuando conocí a los primeros estudiantes, nunca pensé que iba a tener la oportunidad de escuchar tanta diversidad y pluralidad de pensamientos y de conocimientos dentro de un aula.

En la primera clase, de Teoría de la Comunicación, cuando los compañeros empezaron a intervenir en el aula, después de que el profesor nos hablara de que comunicación es igual a control, me di cuenta que no tenía ante mí a estudiantes que solo escuchaban y cogían apuntes, como aquellos que había conocido y de los que había formado parte hacía diez años. Miré al profesor, y ví su cara de satisfacción por ver que las teorías de Lasswell estaban creando tanta participación, y miraba a los alumnos que entre ellos debatían sobre si la comunicación implicaba siempre información, y supe que estaba dentro de algo especial.

En aquel aula, me topé de lleno con una escena mucho más enriquecedora de la que me había imaginado. Me vi formando parte de un aula donde se exponían argumentos razonados y madurados, donde se creaba conciencia sobre la realidad de los medios de comunicación y donde se participaba en debates de gran calado social. Cada uno hablábamos de nuestras experiencias y compartíamos opiniones, nos rebatíamos y llegábamos a diferentes conclusiones, pero siempre teníamos como base el aprendizaje. Me daba cuenta que me encontraba entre personas que iban a ser futuros doctores e investigadores, que eran maestros que inculcaban a su vez conocimientos en otras aulas, con compañeros que hablaban de ética, economía, filosofía e historia, con una facilidad desbordante.

Cuando llega un momento en el que te reúnes en un aula con personas que saben aportar reflexiones inteligentes, resultado de un bagaje distinto al tuyo, y que transmiten en sus palabras tantas ganas de aprender y de debatir sobre temas interesantes y trascendentales, sabes que tienes que aprovechar al máximo el tiempo que puedas, las horas que tu trabajo te permita. Hay cosas que simplemente se saben y ya está, y todos nosotros sabíamos que lo que hablábamos dentro de ese aula era la vida real, una formación que nos llevamos para casa, lejos ya de cualquier papel firmado y que podemos enmarcar.

Esos compañeros y yo nos reunimos el pasado viernes, algo más elegantes y formales que en otras ocasiones, para disfrutar juntos de nuestro último encuentro en la Universidad. Pareciera ayer cuando me matriculaba en el Máster de Comunicación Social y ahora me encuentro sumergida en los últimos trabajos que quedan por entregar y en la fase final de estudio. Aun me quedan unos meses intensos frente al ordenador, inmersa en bibliografías y en documentaciones. Y hay una parte muy fuerte de mi misma que no quiere que se acabe, porque no quiere bajarse de ese tren.

Aunque aún no hayamos acabado el Máster, el viernes nos hicieron entrega del símbolo que nos hace saber que ya estamos en la recta final.


 
Ese día, mis padres y mi hermana se desplazaron a Almería por sorpresa para ser partícipes del acto de imposición de becas. Sin duda alguna, una auténtica alegría saber que me apoyan tanto. Gracias guapos :)
 



domingo, 8 de junio de 2014

Los Puentes de Madison



Un día leí en alguna parte que escribir te ayuda a calmar los dolores del alma. Yo no sé si tengo dolores en el alma, ni siquiera sé con seguridad lo que es el alma, sólo sé que escribir sobre lo que siento me ayuda a respirar más profundo. Sin duda es el consejo que le daría a todo aquel que quisiera arriesgarse a describir con palabras su día a día sobre un papel, como una forma de desahogarse o de crear una vida entre líneas.

En mi película favorita, la protagonista sólo ve en sus diarios la manera de escapar de una vida que eligió y que, cree, tiene el deber de perpetuar. He visto muchas películas de amor, recalco lo de muchas, pero jamás una que me emocione tanto como la de mi querida Meryl Streep. Hay que verla, pero apreciando cada diálogo, el trasfondo de la historia, cada nota de ese piano que protagoniza la banda sonora. Los Puentes de Madison es la ocasión perfecta para recrear las dudas que plantea el amor, el cual muchas veces debe diferenciar entre el deber y el querer.

Francesca representa, en su cotidianidad, lo que una mujer nunca debería ser, en lo que nunca debería convertirse porque merece mucho más de la vida, que cuatro paredes y una familia acomodada. Francesca brilla por su sencillez y su amor incondicional a su familia. En unos cuadernos, ella inmortaliza su historia de amor a modo de diarios, reflejando el dolor de su alma. Unos libros que  demuestran que esa "vida de detalles" a la que tanto se agarra para sobrevivir, tuvieron sentido sólo para vivir capturada por la cámara de Robert, al que da vida Clint Eastwood.

Me acaba de venir a la cabeza opiniones de quienes dicen que no pueden asimilar o que no les gusta la imagen de Clint con un ramo de flores, como si esa escena hiciera desaparecer de un plumazo la apariencia de “tipo duro” que siempre le ha acompañado en su carrera como actor. En esta ocasión no sólo protagoniza la película, sino que la dirige, a mi parecer, de manera magistral. Y me encanta el giro que plantea el actor, de su habitual papel de hombre de acción a un hombre alimentado por la esperanza y movido por la búsqueda de la belleza.

Robert Kincaid es un personaje libre y con la firme convicción de que el ser humano debe siempre buscar su propia felicidad. Te enamora la manera en que su argumentación cobra sentido dentro de un guión lleno de magia, en el que se muestran dos versiones de una misma realidad. Por un lado, la necesidad de seguir siempre las mismas motivaciones, por otro, la de descubrir cada día nuevas experiencias, todo para dar sentido a una vida.

Muchas veces me pregunto por qué me gustan tanto las películas de amor. La razón es tan simple como que el amor se encuentra en todo lo que deseamos y entre quienes compartimos nuestra vida: familia, pareja y amigos. El amor y el corazón se mueven juntos si hay una buena causa de por medio. Son la uña y la carne que dan razón de ser a nuestros sentimientos. El cine es una ventana desde donde podemos ver el espectáculo de las emociones transmitidas por una pantalla. La riqueza de un guión en el que hay que escuchar atentamente para comprender la esencia del mensaje. Una escena no tiene sentido por sí sola si no produce una reacción en el espectador. Del por qué de esa reacción nace tu película favorita.



El cine es metáfora en estado puro y, muchas veces, la vida también lo es. Nos parece que el corazón se encoge cuando estamos tristes y que se ensancha cuando somos felices. Lo perdemos cuando nos enamoramos, se parte cuando nos traicionan y da un vuelco cuando vemos a la persona amada. Es tan complejo y tan delicado como nosotros mismos y reacciona ante los imprevistos con múltiples aceleraciones. Son sensaciones que creemos reales, aunque no dejen huella visible en nuestro cuerpo. Y así son nuestras películas favoritas, síntomas de conexión inexplicable con el mundo real y el ficticio, de la que sólo queda una cosa: la idea central que te hace replantear la vida desde otro punto de vista.

Aceptar que el amor y el corazón no siempre existen o no siempre van de la mano es el reto más duro que vivimos. Como dice Francesca, su vida es "una vida llena de detalles". Quizá por eso me guste tanto la historia de Robert y Francesca, porque al final siempre sabes quién es el amor de sus vidas. Para uno es la libertad de escoger, para otro el deber de aguantar.