viernes, 4 de marzo de 2016

Salvemos la pasarela



Este post va dedicado al puente (o pasarela) que une las explanadas con la Alcoholera, en Motril. Esta mañana iba dispuesta a fotografiar la infraestructura, construida a finales de 2010. Lo que prometía ser un tranquilo paseo para disfrutar de este gran día de sol y temperaturas agradables se ha convertido en un triste choque de frente con una realidad que hasta ese momento desconocía. Este puente es muy especial para mí por muchas razones y me ha dolido especialmente encontrármelo en estas condiciones.


En 2011 llegó una oportunidad laboral que para mí tuvo una importancia crucial en mi vida como periodista. Me convertí en presentadora de un programa semanal de televisión. Lo disfruté al máximo, como cuando llegas a ese momento o periodo de tu vida en el que los instantes de felicidad y la satisfacción personal que sientes te hacen dudar si lo que estás viviendo es un sueño o es realidad. 




Al comienzo me ceñí a lo que me dijeron. Presentaciones en plató y reportajes en la calle. Luego te das cuenta de que tu vocación y el vivir intensamente tu trabajo te guían irremediablemente a la creación. Empecé a seleccionar lugares que me gustaban o a dejarme aconsejar sobre los mejores sitios para enmarcar una presentación a los diferentes contenidos. 


Uno de esos lugares escogidos fue el, por aquellos tiempos, recientemente construido puente de las explanadas que conectaban dos zonas muy arraigadas de la historia de mi ciudad, Motril. Desde que lo vi me enamoró y presentar desde allí uno de los programas de En Movimiento fue una de las cosas más bonitas que hice durante mi periodo en Telemotril. 







Dos vallas cubrían los huecos donde debían estar los grandes cristales de la infraestructura. A 5 metros bajo mis pies hay una carretera con un tráfico constante y pienso en el peligro que conlleva ese "arreglo" provisional.

Una vecina de las Explanadas me cuenta que los servicios de mantenimiento instalaron las vallas hace dos días y que lo de romper los cristales de la infraestructura se ha vuelto algo habitual. No hago más que preguntarme, cómo alguien pone en riesgo de esa manera la vida de los conductores y peatones que pasan por debajo de la pasarela o incluso su propia vida ya que pueden herirse ellos mismos.


¿Cómo parar este tipo de gamberradas?¿por qué las instituciones no INFORMAN sobre este tipo de sucesos para que se tome conciencia? No se trata solo de poner un cristal nuevo, se trata sobre todo de prevenir que no vuelva a ocurrir.

Quizá sería necesaria más vigilancia y más información. Me surgen demasiadas preguntas. La pasarela es solo un ejemplo, hay más actos delictivos que quedan impunes.



Para informar sobre su inauguración, el pasado Julio de 2011, el diario Granada Hoy la describió en su titular como "una futurista pasarela que revoluciona el modelo arquitectónico de la ciudad" y prácticamente todos los medios locales coincidían en calificarla de vanguardista. 

Lo tengo comprobado por todas aquellas personas con las que he hablado sobre él en varias ocasiones. El puente, o te gusta o te horroriza, no existe término medio. Sea como sea no deja indiferente. Lo que más sorprendió de su construcción fue su estructura metálica y su moderno diseño basado en hexágonos, pensado por los arquitectos responsables Vicente Guallart y Ángel Gijón. 

Indudablemente las vistas de toda la vega, la playa y la vista de la antigua chimenea de la Fábrica de azúcar de la Alcoholera es otro de sus grandes atractivos. Lástima que haya quien en vez de disfrutarlos y respetarlos decida hacer daño de esa manera.


La pasarela es solo un ejemplo, hay más actos delictivos que quedan impunes. Informar de lo que ocurre y darle su sitio a los que atentan contra lo que es de todos es necesario. 

No se trata solo de poner un cristal nuevo, se trata sobre todo de prevenir que no vuelva a ocurrir. 

Salvemos la pasarela. Salvemos nuestro entorno.



 



sábado, 20 de febrero de 2016

Los juegos de cuando era niña



Cuando era niña jugaba a muchas cosas. A las casitas, a los maestros, al elástico o la comba, salíamos las vecinas y yo a la calle a dibujar un tejo en el asfalto o juntábamos nuestras barbies o intercambiábamos lo que nosotras llamábamos hojitas (que en realidad eran folios con sus sobres a juego que se suponía que servían para mandar cartas). Recuerdo perfectamente cómo adoraba el elástico negro que mi madre me compró (el de todas las niñas solía ser gris o blanco y yo veía el mío aún más especial), cómo lo pasaba por detrás de dos sillas y jugaba durante horas a saltar. Guardo también un recuerdo muy especial de los patines blancos con ruedas y cordones rojos que mis padres me compraron y con los que pasaba horas y horas rodando por mi cochera. Aún los conservo. 

Pero no sólo jugaba con todo eso. No sé si era por aquel dado gigante o por esas casillas que se iluminaban, por esos intrépidos concursantes que saltaban de casilla en casilla o por las pruebas a las que tenían que someterse para llegar a la final. Lo más probable es que fuera un compendio de todo, pero El Gran Juego de la Oca me fascinaba.




No sé si os acordáis de ese programa de televisión, presentado por Emilio Aragón junto a Lydia Bosch y Patricia Perez, pero a mí y a mis hermanos nos gustaba tanto que llegamos a recrearlo en la vida real. No cuento con una foto del momento, pero os puedo asegurar que llenar la cochera de casillas (como si de un tejo se tratara) y construir un dado gigante de cartón fue una de las cosas más divertidas que hice de niña. 

Actualmente no me gustan mucho los concursos que emiten por televisión pero de niña pasé grandes momentos jugando a ser presentadora. También me fascinaba el programa Sorpresa Sorpresa y sobre todo la carpeta que llevaba siempre en la mano Isabel Gemio. Me fabriqué una a mano para imitarla, y hablaba yo sola ante mi audiencia imaginaria. Recuerdo que de pequeña también me llamaban mucho la atención las tarjetas que llevaban en la mano (y aun hoy algunos las utilizan) para seguir el guión del programa. Por eso conservo ésta de la última vez que fui a ver un programa de televisión en directo.




Quién iba a decirle a aquella niña que le sacaba dos cabezas a sus compañeras de comunión, que siempre pecaba de inocentona y soñadora, que se atrevería a amar una profesión donde vencer la timidez de una misma es un constante sacrificio en favor de lo que más le gusta. 

El próximo mes de marzo se cumplirá un lustro desde que presenté un programa de televisión por primera vez. Más que el plató, echo de menos el periodismo de calle. El de hacer esos reportajes donde la gente te cuenta historias. Y también todo lo que aprendí. Cuando te ves sola un viernes por la noche en una sala de montaje editando un programa entero sin tener una amplia idea del asunto te das cuenta realmente de cuanto te está sirviendo la experiencia. En estos últimos e intensos cinco años mi vida ha dado un giro radical. De trabajar en lo que me apasiona a sufrir el paro para después comenzar en otro trabajo completamente distinto en el que he tenido que aprender a encajar. Se tarda un poco en poner en práctica eso de “si no puedes con el enemigo…”. 

Aquella trayectoria profesional que me hacía feliz sigue vigente en lo que soy pero puede decirse que me reciclé. Está muy en auge ahora eso de “reciclarse”. Se ha puesto tan de moda que a veces me siento como si entrara en un contenedor amarillo donde todo está oscuro y mire por donde mire nada me gusta. Al final sé de sobra que siempre seré esa niña que escribe, edita e inventa maneras de hacer lo que le gusta. Se trata al final de sobrevivir en este mundo de locos.

Haciendo un guiño al tirón que actualmente tienen las redes sociales, #cinco será a partir de ahora un hashtag reivindicativo de estos cinco años en los que he tenido que separarme forzosamente del periodismo (laboralmente hablando). Este es un espacio demasiado bonito para mí como para desaprovecharlo hablando del origen de todo lo que pasó y las palabras están de más cuando ya no merece la pena mirar al pasado. Sólo agradecer desde aquí a aquellos que antes, durante y después me arroparon. 

Pasa que muchas veces hay gente que te echa un cable o te ayuda en algún sentido y piensa que no ha hecho nada importante en realidad. Pero es que son esos pequeños detalles los que cuentan en tu día a día de incertidumbre profesional. Alimentar una ilusión es más fácil de lo que se piensa. Brinda una sonrisa a alguien que la necesite más que nunca y le estarás dando el mundo entero. Así que imagina si además le dices -Mira Paqui qué oferta de empleo he visto, échale un vistazo.  –Ánimo Paqui, que ya verás que mejora la cosa. Y te aconsejan, te dan ideas, te abrazan, te escuchan… ¿sigo?. Si hasta te alegran el día con que tan solo te contesten a un email para decirte que incluirán tu cv en su base de datos o te emocionas si en la recepción de un medio de comunicación te desean suerte y te dicen –Ojalá te veamos por aquí pronto. Sales del edificio con tu carpeta llena de currículum con otro empuje y otra cara. Ese ese Aunque tu no lo sepas tan valioso que esconde la vida.



Y para despedir este post pues os dejo un vídeo de la primera vez que me puse delante de una cámara como reportera. En marzo de 2016 hará cinco años de este reportaje, muy divertido, por cierto. Se te ocurre una idea, improvisas una intro y a la carga. Espero que os guste. Seguiremos informando.