lunes, 14 de julio de 2014

Contadores de historias

Pensad por un momento en lo que más os guste hacer e imaginaos trabajando en eso. No hablo de retos ni de metas, hablo de ser lo que queramos ser, picando de todos los palos, sin dejar de prepararnos para ser mejores en eso que tanto nos gusta. Cuando tengáis ese alimento que os llena el alma de ilusión, imaginad que invertís vuestro tiempo y lo poquito que tenéis ahorrado en formaros en ello, en buscar un camino, en recibir clases de un grupo de profesionales expertos en eso que tanto os gusta.

Visualizad cómo sería practicar delante de ellos para que opinen de vosotros, os pongan entre las cuerdas, os reten, os aconsejen y os orienten. Preparaos para ser criticados cuando lo hacéis mal y tened la fuerza necesaria para encajar los "golpes". Si no la tenéis, buscadla en cada lágrima que os produzca el miedo o la inseguridad, en cada crítica o desaliento. Pero no olvidéis la lección: jamás os rindáis.

Eso es lo primero que hemos aprendido en el taller de presentadores de televisión, a no tirar nunca la toalla. Eso es lo que nos recuerdan en cada clase todos y cada uno de los profes, a que nada ni nadie nos haga dejar de intentarlo. Eso es lo que más me gusta porque pienso que eso es lo que toda persona no debe olvidar nunca, se dedique a lo que se dedique, sea lo que sea lo que quiera hacer de sí mismo.



Y aquí sigo en Madrid, aprovechando al máximo esta inversión que he hecho, alimentándome cada día sobre el cómo y el por qué he llegado a donde estoy ahora. Todo tiene la misma respuesta: aprender. Y somos como una esponja dentro de este Laboratorio de la Voz. En la foto aparezco en la puerta del centro donde tenemos algunas de las clases.

Las clases más prácticas las tenemos en el plató de CES, el centro de estudios donde la Universidad Camilo José Cela imparte clases en materia audiovisual. El lugar donde nos ponemos en las manos de nuestros profesores. Por ejemplo, aquí en esta otra foto de abajo, Raquel Sanchez Silva me da paso desde el pinganillo. Yo, se supone, estoy en Cayo Paloma presentando una prueba de recompensa del programa Supervivientes.



El trabajo que mis compañeros y yo queremos desempeñar no se diferencia demasiado de cualquier otro. El trabajo que queremos hacer es el ser buenos contadores de historias que escuchará la gente desde su casa. Personas con las que tenemos que lograr una conexión especial, una cercanía, una pasión. Hablar es fácil pero nosotros queremos comunicar, eso es lo que estamos aprendiendo.

En el taller, los profesores nos dicen que tenemos que emocionar, traspasar la pantalla con una mirada de seguridad y naturalidad, que tenemos que ser nosotros mismos, hablar como hablamos, potenciando lo que nos hace especiales, utilizar el tono y la voz que exija el momento, filtrar la información que nos llega y quedarnos con la esencia de los acontecimientos, como si fuéramos un embudo. Nos dicen que nos movamos por titulares, por el hilo que reconduce la historia, por eso que haga saltar al espectador del sofá. Hemos aprendido que cada historia tiene ese “algo” interesante que debemos sacar a la luz, tanto si entrevistamos a un invitado en plató, como si damos una noticia en un informativo.


Este taller está siendo toda una experiencia. En cada clase desnudamos los miedos, hablamos de lo que nos preocupa, de lo que deseamos mejorar, de lo que queremos conseguir. Todo lleva siempre al mismo camino, a esa dura lucha por intentar creernos que somos buenos en lo que hacemos. Los profesores nos dicen que sí, pero no es fácil despojarnos de nervios, inseguridades, miedos... Y tenemos que creérnoslo para comunicar esa seguridad mirando a cámara, sin duda, lo más complicado.

En el ecuador del taller ya vamos sintiendo que cada aprendizaje nos está sirviendo de mucho, y eso tiene un valor que solo se puede medir con la emoción que se debe sentir al traspasar la pantalla de un televisior. Lograr eso es el siguiente paso.

Gracias a todos lo que me apoyáis desde la distancia. Desde aquí se os echa de menos pero se os siente cerca. Un abrazo fuerte :)

Y para mi hermanita, una foto que le hace mucha ilusión...








martes, 1 de julio de 2014

De Motril a Madrid


Las palabras que vienen tras un silencio suelen ser las más importantes, porque son las más meditadas. Y la primera clase en el Laboratorio de la Voz ha estado llena de muchos consejos meditados y medidos. Los 14 alumnos que hemos sido seleccionados en un casting para realizar el III Taller de Presentadores de Televisión, estábamos nerviosos por nuestro primer día de clase. Teníamos que llevar preparado un caso del programa Hay una cosa que te quiero decir, para presentarlo, no sólo delante del resto de los compañeros como si fueramos los presentadores del programa, sino delante del que ha sido por mucho tiempo el presentador del mismo. 

Uno a uno, íbamos saliendo al "escenario", y uno a uno íbamos siendo evaluados, para ver qué tenemos que mejorar, qué vamos a pulir a partir de ahora y durante todo el mes de julio en el taller. Antes de cada consejo, unos segundos de silencio. Unos segundos de misterio ante lo que Jorge Javier nos tenía que decir. Una de las veces le dijo un alumno, -qué intriga. Otra de las veces, el mismo profesor nos decía, espera, espera que estoy...(pensando). Y tras el silencio un consejo de esos que nunca se olvidan. Hoy se ha involucrado mucho con cada uno de nosotros, ayudándonos a sacarnos partido. Contándole mi llegada a Madrid y alguna anécdota me dice, "eso, sonríe, que ganas muchísimo sonriendo, y cuentame la historia como me estas contando ahora mismo esto" :)
Los compañeros hemos pasado una mañana compartiendo experiencias. Hemos hablado de nuestros temores y miedos, de los nervios que pasamos, del por qué de las sensaciones que tenemos antes de salir a escena, de lo importante que es que nadie nos quite la ilusión de trabajar en lo que nos gusta, de los mitos y leyendas sobre ser presentador de TV, de la competitividad "tóxica", o de la sonrisa y la naturalidad que siempre debemos mantener.

En el Laboratorio de la Voz hemos desmentido teorías, desenmarañado sentimientos, hemos opinado de la profesión de presentador. Ya hemos empezado a aprender a corregir nuestros errores y a pulir todas aquellas cosas que nos hacen especiales. Hoy J.J. nos ha dicho que valemos para ser presentadores de tv, que tenemos buena base para ello. Hoy ha comenzado la aventura.


Y aquí me tenéis en mi habitación de Madrid, ilusionada con el dossier del Laboratorio de la Voz y contenta porque me han elegido de entre muchos candidatos para aprender a ser una buena presentadora.  Desde técnica vocal a presencia escénica, desde presentar un informativo a conocer cómo se hace una conexión en directo o cómo se realiza una buena entrevista. Y todo ello de la mano de grandes profesionales reconocidos y expertos en todas estas materias. 

Cuento esto en el blog por una sencilla razón, porque sé que a los poquitos que lo leeis os va a hacer mucha ilusión que compartamos juntos esta emoción. A todos lo que nunca habeis dejado de decirme que podía conseguirlo, a los que siempre han creído en mí pasara lo que pasara en mi vida y tomara la decisión que tomara, los que me han dado palabras de ánimo y apoyo, de cariño, de confianza. A todos los que siempre me han dicho que nunca abandonara mis sueños, a los que me han hecho sentir siempre bien conmigo misma, a todos vosotros os he traído hasta Madrid conmigo.

Sois las primeras personas de las que me acordé cuando sonó el teléfono y me dijeron que me habían seleccionado, y a todos os metí en la maleta cuando empecé a prepararlo todo para venirme a Madrid.  Porque esta no es mi aventura, es nuestra aventura. Porque no estoy aquí sola, sino que formais parte de todo este sueño que estoy viviendo.


Cuando se abre una ventana hay que aprovechar esa oportunidad que te brinda la vida, aunque estés asustado o tengas que enfrentarte a cosas nuevas para tí. Existe la posibilidad de que no alcances lo que te propongas, pero no será por no poner todo el corazón en intentar lograrlo.

Hoy será mi segunda noche en Madrid, os iré contando más cosillas de nuestra aventura y de la capital, la cual aún tengo que disfrutar.

domingo, 22 de junio de 2014

Aulas con personalidad propia

Gran diversidad y pluralidad. Orígenes y procedencias muy diferentes. Alumnos llegados de Granada, de México, de Marruecos, de Almería...Sociólogos, Logopedas, Licenciados en Historia, en Periodismo, en Educación... Personas de diferentes ideologías y religiones, con caracteres contrapuestos, de diversas edades y con variedad de personalidades, pero con un interés común, la comunicación.Y yo, de vuelta, o al menos en parte, a mi mundo, tras haber estado tan desconectada de él por culpa de las circunstancias, me volvia a encontrar con profesores y compañeros en una Universidad, pero de una manera bien diferente a hace años. Ahora iba a intentar estudiar y trabajar a la vez. Estudiar, para seguir subida al tren que quiero que me lleve a mi destino, trabajar, en lo que se pueda para sentirme util y tener opciones de una vida.

Ajena aún a todo lo que iba a traer consigo el compaginar ambos caminos, aquel día de noviembre, en la inauguración del Máster de Comunicación Social de la Universidad de Almería, cuando conocí a los primeros estudiantes, nunca pensé que iba a tener la oportunidad de escuchar tanta diversidad y pluralidad de pensamientos y de conocimientos dentro de un aula.

En la primera clase, de Teoría de la Comunicación, cuando los compañeros empezaron a intervenir en el aula, después de que el profesor nos hablara de que comunicación es igual a control, me di cuenta que no tenía ante mí a estudiantes que solo escuchaban y cogían apuntes, como aquellos que había conocido y de los que había formado parte hacía diez años. Miré al profesor, y ví su cara de satisfacción por ver que las teorías de Lasswell estaban creando tanta participación, y miraba a los alumnos que entre ellos debatían sobre si la comunicación implicaba siempre información, y supe que estaba dentro de algo especial.

En aquel aula, me topé de lleno con una escena mucho más enriquecedora de la que me había imaginado. Me vi formando parte de un aula donde se exponían argumentos razonados y madurados, donde se creaba conciencia sobre la realidad de los medios de comunicación y donde se participaba en debates de gran calado social. Cada uno hablábamos de nuestras experiencias y compartíamos opiniones, nos rebatíamos y llegábamos a diferentes conclusiones, pero siempre teníamos como base el aprendizaje. Me daba cuenta que me encontraba entre personas que iban a ser futuros doctores e investigadores, que eran maestros que inculcaban a su vez conocimientos en otras aulas, con compañeros que hablaban de ética, economía, filosofía e historia, con una facilidad desbordante.

Cuando llega un momento en el que te reúnes en un aula con personas que saben aportar reflexiones inteligentes, resultado de un bagaje distinto al tuyo, y que transmiten en sus palabras tantas ganas de aprender y de debatir sobre temas interesantes y trascendentales, sabes que tienes que aprovechar al máximo el tiempo que puedas, las horas que tu trabajo te permita. Hay cosas que simplemente se saben y ya está, y todos nosotros sabíamos que lo que hablábamos dentro de ese aula era la vida real, una formación que nos llevamos para casa, lejos ya de cualquier papel firmado y que podemos enmarcar.

Esos compañeros y yo nos reunimos el pasado viernes, algo más elegantes y formales que en otras ocasiones, para disfrutar juntos de nuestro último encuentro en la Universidad. Pareciera ayer cuando me matriculaba en el Máster de Comunicación Social y ahora me encuentro sumergida en los últimos trabajos que quedan por entregar y en la fase final de estudio. Aun me quedan unos meses intensos frente al ordenador, inmersa en bibliografías y en documentaciones. Y hay una parte muy fuerte de mi misma que no quiere que se acabe, porque no quiere bajarse de ese tren.

Aunque aún no hayamos acabado el Máster, el viernes nos hicieron entrega del símbolo que nos hace saber que ya estamos en la recta final.


 
Ese día, mis padres y mi hermana se desplazaron a Almería por sorpresa para ser partícipes del acto de imposición de becas. Sin duda alguna, una auténtica alegría saber que me apoyan tanto. Gracias guapos :)
 



domingo, 8 de junio de 2014

Los Puentes de Madison



Un día leí en alguna parte que escribir te ayuda a calmar los dolores del alma. Yo no sé si tengo dolores en el alma, ni siquiera sé con seguridad lo que es el alma, sólo sé que escribir sobre lo que siento me ayuda a respirar más profundo. Sin duda es el consejo que le daría a todo aquel que quisiera arriesgarse a describir con palabras su día a día sobre un papel, como una forma de desahogarse o de crear una vida entre líneas.

En mi película favorita, la protagonista sólo ve en sus diarios la manera de escapar de una vida que eligió y que, cree, tiene el deber de perpetuar. He visto muchas películas de amor, recalco lo de muchas, pero jamás una que me emocione tanto como la de mi querida Meryl Streep. Hay que verla, pero apreciando cada diálogo, el trasfondo de la historia, cada nota de ese piano que protagoniza la banda sonora. Los Puentes de Madison es la ocasión perfecta para recrear las dudas que plantea el amor, el cual muchas veces debe diferenciar entre el deber y el querer.

Francesca representa, en su cotidianidad, lo que una mujer nunca debería ser, en lo que nunca debería convertirse porque merece mucho más de la vida, que cuatro paredes y una familia acomodada. Francesca brilla por su sencillez y su amor incondicional a su familia. En unos cuadernos, ella inmortaliza su historia de amor a modo de diarios, reflejando el dolor de su alma. Unos libros que  demuestran que esa "vida de detalles" a la que tanto se agarra para sobrevivir, tuvieron sentido sólo para vivir capturada por la cámara de Robert, al que da vida Clint Eastwood.

Me acaba de venir a la cabeza opiniones de quienes dicen que no pueden asimilar o que no les gusta la imagen de Clint con un ramo de flores, como si esa escena hiciera desaparecer de un plumazo la apariencia de “tipo duro” que siempre le ha acompañado en su carrera como actor. En esta ocasión no sólo protagoniza la película, sino que la dirige, a mi parecer, de manera magistral. Y me encanta el giro que plantea el actor, de su habitual papel de hombre de acción a un hombre alimentado por la esperanza y movido por la búsqueda de la belleza.

Robert Kincaid es un personaje libre y con la firme convicción de que el ser humano debe siempre buscar su propia felicidad. Te enamora la manera en que su argumentación cobra sentido dentro de un guión lleno de magia, en el que se muestran dos versiones de una misma realidad. Por un lado, la necesidad de seguir siempre las mismas motivaciones, por otro, la de descubrir cada día nuevas experiencias, todo para dar sentido a una vida.

Muchas veces me pregunto por qué me gustan tanto las películas de amor. La razón es tan simple como que el amor se encuentra en todo lo que deseamos y entre quienes compartimos nuestra vida: familia, pareja y amigos. El amor y el corazón se mueven juntos si hay una buena causa de por medio. Son la uña y la carne que dan razón de ser a nuestros sentimientos. El cine es una ventana desde donde podemos ver el espectáculo de las emociones transmitidas por una pantalla. La riqueza de un guión en el que hay que escuchar atentamente para comprender la esencia del mensaje. Una escena no tiene sentido por sí sola si no produce una reacción en el espectador. Del por qué de esa reacción nace tu película favorita.



El cine es metáfora en estado puro y, muchas veces, la vida también lo es. Nos parece que el corazón se encoge cuando estamos tristes y que se ensancha cuando somos felices. Lo perdemos cuando nos enamoramos, se parte cuando nos traicionan y da un vuelco cuando vemos a la persona amada. Es tan complejo y tan delicado como nosotros mismos y reacciona ante los imprevistos con múltiples aceleraciones. Son sensaciones que creemos reales, aunque no dejen huella visible en nuestro cuerpo. Y así son nuestras películas favoritas, síntomas de conexión inexplicable con el mundo real y el ficticio, de la que sólo queda una cosa: la idea central que te hace replantear la vida desde otro punto de vista.

Aceptar que el amor y el corazón no siempre existen o no siempre van de la mano es el reto más duro que vivimos. Como dice Francesca, su vida es "una vida llena de detalles". Quizá por eso me guste tanto la historia de Robert y Francesca, porque al final siempre sabes quién es el amor de sus vidas. Para uno es la libertad de escoger, para otro el deber de aguantar.





martes, 3 de junio de 2014

La creatividad es la magia de quien sueña con sus manos

El arte es la expresión de una idea convertida en magia y seducción. Es quedar atrapado en un lienzo que cuenta una historia. Es embelesar con las curvas de una escultura hasta hacer que parezca humana. Es conseguir que unos ojos no quieran apartarse de una imagen ni de sus movimientos. Una obra se impregna de los quehaceres creativos para sobrevivir en el tiempo.

Ya se sabe que el arte es una lucha constante entre el gusto personal y el comunmente "asumido" por una sociedad. Es a la vez crítica y pasión, respeto y descrédito, el arte es un sentimiento, que utiliza el pincel como hilo conductor para dibujar un sentimiento que despertará una emoción. El arte es lo que tú quieras interpretar, hasta donde quieras llegar, el lugar en el que tú lo quieras posicionar. El arte es libremente interpretado y practicado.

En mi casa tengo pequeñas obras de arte que para mí tienen un incalculable valor. Qué decir cuando una madre proyecta con sus manos arte hacia sus hijos. Cuando sabes que, con todo su cariño, está poniendo su corazón en una obra, en un lienzo que algún día pondrás en tu futura casa. Qué decir cuando te sientes orgullosa de la creatividad con la que transforma ese amor en un sueño..

Porque yo al ver este cuadro imagino que una ninfa de verdad existe con un cabello lleno de flores color pastel. Creo que es ella la que con su belleza atrae el vuelo de una mariposa hasta la palma de su mano, cuya muñeca también está adornada con una flor escogida por ella en su largo paseo por el bosque.




En la vida es importante explotar lo que se nos da bien o lo que deseamos aprender. Crecer y disfrutar haciendo lo que nos gusta. Es un placer poder mostraros aquí algunas de las maravillas que hace mi madre. Coge una idea y ella le aporta su toque personal. Le encanta arriesgar y probar siempre cosas nuevas. O directamente coger el patrón de un vestido y modificarlo al gusto del consumidor o a su gusto. Siempre dice -voy a probar a ver qué sale, sino pues se desbarata y ya está. Y siempre le salen prendas esquisitas y preciosas.

Desde pequeñas mi hermana y yo hemos ido luciendo sus diseños....Batas rocieras, mantones de ganchillo, vestidos de fiesta, camisetas bordadas....prendas que nos durarán toda la vida y que tendrán la cualidad de ser irrepetibles. De ser creadas por ella. La mejor firma que podríamos tener en nuestro armario, la de nuestra madre.


Su máquina de coser y sus manos. Mi madre sabe bien cómo manejar una aguja. De ganchillo nos hizo este chaleco rosa palo que veis abajo y unos vestidos para la playa que tienen en el bajo esas puntillas tan bonitas. Éste es de mi hermana que es celeste, el mío es violeta. Y para el invierno, también de croché, estas dos mantas tan originales y coloridas. De punto también hizo otra manta con lana naranja, que intercala diferentes dibujos.


Y entre sus manualidades, aquí debajo dos de los alfileteros que ha hecho con material reciclable y, a ambos lados, los lapiceros en forma de botas que hace con gomaeva. 
 

Y, sobre todo en verano, nos encanta ponernos alguna de las pulseras que nos ha hecho con anillas de latas de refresco. Las habréis visto alguna vez. Ella le da siempre su toque personal. El botón marinero le va que ni pintado :)




Y así, toda una casa llena de obras de arte. Al menos para mí lo son. 
Y lo que más me gusta de todas estas creaciones, la artista. La persona que sabe hacer de una idea algo propio, único. Escogiendo las telas más bonitas y diversas, combinando, buscando el detalle más original. En definitiva, donde la imaginación la lleve.








viernes, 23 de mayo de 2014

La mujer que inspiró un éxito

Cuantas veces le habré cantado a mi amiga eso de Noelia, Noelia, Noelia, Noelia, Noelia... esa preciosa canción de Nino Bravo. ¿Quién será la mujer con ese nombre a la que Nino le cantaba con tanta pasión?, me he preguntado más de una vez al oírla.

La voz de Luis Manuel Ferri Llopis se apagó para siempre un 16 de abril de hace 41 años a causa de un accidente de coche cuando se dirigía a Madrid desde Valencia. Sus preciosas canciones, su voz inigualable y esa forma de interpretar las letras de tantas y tantas melodías que nos dejó. En el recuerdo, sus pantalones de campana, sus camisas entalladas y con cuello grande y picudo. Él se marcho demasiado pronto, dejando huérfana a la balada romántica. Y con él se fueron muchos secretos, pero algunos se han ido conociendo con el tiempo.

Como el misterio de su, tal vez, mayor musa. La famosa mujer cuyo nombre inspiró un éxito. Quizás, quien sabe, la esperanza de un amor que solo quedaría en el papel y en aquella letra que Nino escribió pensando en ella. Ese "no si vendrá, más yo la espero", ese "hace tiempo que sueño con ella". Esa búsqueda en la playa y ese grito en el silencio que se apagó en la imaginación de un artista que encontró su estrella fugaz en el firmamento de la música.

De soñar despiertas pensando en las vacaciones. Ya lo decimos en el trabajo, la larga jornada da para muchas conversaciones e historias. De eso iba nuestra "charla" en aquel momento.
         -Yo estuve en Tenerife, hospedada en el Hotel Noelia, me contaba una compañera. 
-Y estando en la isla me enteré que la dueña del hotel fue musa de Nino Bravo.


Se llama Noelia Afonso y fue Miss Tenerife en 1969 y Miss Europa en 1970, participó en Miss Universo 1970. Su belleza tinerfeña no dejó indiferente a nuestro querido Nino Bravo, que supo convertir su sueño en canción. Un nombre en éxito. Supo hacer de su musa la nuestra, llegando al corazón de todos los que eran sus fans y todos los que lo descubrimos cuando ya no estaba entre nosotros.

En una entrevista en 2009, su musa contestaba así a la pregunta del periodista, ¿Cómo se siente una mujer al ser tan inspiradora?.
- Muy bien. Debo ser modesta, sólo inspiré la canción de Nino Bravo y me enorgullece porque es preciosa. Pero más que por mí, la inspiración fue por mi nombre, que en aquella época era desconocido.

Es lo que ocurre cuando se sueña despierto, que lo que sueñas se puede convertir en éxito.



No sé si tendréis a vuestra musa Noelia particular. La mía cumplió treinta añitos esta semana, así que le dedico este post.  ¡Felicidades preciosa! Tqm :)





lunes, 12 de mayo de 2014

No pongamos barreras en nuestra ciudad



Ascensión no es un caso excepcional, su historia es la de una joven, como tantos otros, que depende de una silla de ruedas para poder desplazarse por la ciudad de Almería. Tiene 38 años y trabaja en la FAAM, la Federación Almeriense de Asociaciones de Personas con Discapacidad, desde hace 11 años. Le encanta ir a la playa, sin embargo solo puede hacerlo del 1 de julio al 15 de septiembre, cuando están disponibles los puntos accesibles en las playas. “Ahora estamos a 30 grados y tenemos muy buen tiempo, pero no podemos ir a la playa hasta el 1 de julio”, se lamenta. “Me gusta mucho la playa, pero en Almería estamos muy limitados. El horario de las sillas anfibias es de 12 de la mañana a 6 de la tarde, cuando los médicos recomiendan no exponerse demasiado al sol. Si quiero bañarme a las 8 de la tarde no puedo”, me cuenta. 

En lo referente a las playas, Ascensión opina que esos puntos accesibles le parecen escasos y que el personal que encuentra no se presta mucho a ayudar. Y, entre risas, me asegura que los voluntarios y los socorristas acuden “cuando te estás ahogando”. Reconozco que, mientras me habla con franqueza de su situación, no le falta el sentido del humor y eso me hace reír también. No la noto con rencor, al contrario. Al teléfono parece una chica feliz, y cuenta las cosas con naturalidad, como si ya las tuviera asumidas después de toda una vida. Mientras, salpica su testimonio con otras cuestiones, como que se ven poco ayudados por el ayuntamiento o que la mayoría de comercios no son accesibles.

En cuanto al primero, y en general, a las instituciones públicas, esta chica dice que el edificio del ayuntamiento tiene sitios a los que no se puede acceder con la silla. Y es que, según su testimonio, los edificios públicos no se encuentran adaptados para las personas con discapacidad. “La Diputación de Almería tiene una plataforma, pero la mayoría de veces no funciona y tenemos que entrar por la parte de atrás”.

Tiene especial interés en recalcar el tema del acceso a los comercios. Su primera “crítica” la dirige hacia ellos y asegura que “las tiendas no están cumpliendo la normativa de accesibilidad”. Me nombra muchos establecimientos conocidos, y así descubro otra de las cosas que le gusta hacer además de ir a la playa, ir de tiendas.

Ella tiene problemas de movilidad desde que nació, y siempre ha estado desplazándose en silla de ruedas. Le pregunto si cree que Almería es accesible y me cuenta las complicaciones que encuentra cada día por las calles de su ciudad. “Cuando voy sola, voy por los sitios donde no hay problema y por los que voy segura, aunque tenga que coger un camino más largo”. Si prestamos atención al callejero de Almería, Ascensión asegura que son muchos los pasos de peatones que no tienen rebaje para facilitar el paso a las personas con problemas de movilidad. Me pone como ejemplo los de Carretera de Ronda. “Las calles de Almería están regular, los pasos de cebra están muy altos”.

Y me interesa saber también qué opina sobre la Universidad, y me llama mucho la atención una anécdota que comparte amablemente conmigo. En 1999 mientras estudiaba empresariales se encontró con un problema de accesibilidad muy importante. Le asignaron un aulario que no tenía ascensor, pero lo más curioso es que su clase estaba en la planta de arriba. Cuenta que una de las profesoras, indignada por lo estaba pasando, se negó a darle clase bajo esas circunstancias, reivindicando lo injusto que le parecía el que le hubieran dado esa clase a la que ella le era imposible acceder. Al final, a las pocas semanas la “protesta” surtió efecto y le asignaron otra clase para que ella pudiera ir sin problemas. “Eso fue hace muchos años, ahora las cosas en la universidad han mejorado”, me dice.

¿Por cuantos pasos de peatones pasamos cada día?, ¿cuantos escalones bajamos y subimos para acceder a tiendas, al dentista, a la casa de la vecina o al trabajo?, ¿cuántas veces vamos a la playa, cuando nos da la gana, sin mirar horarios ni puntos concretos?. Las barreras las ponemos nosotros, las dibujamos en un plano, las construímos y las levantamos. Estas personas se topan con ellas cada vez que salen de casa y no tendrían por qué coger el camino más largo para ir a cualquier sitio. Y nosotros no deberíamos ignorar la idea de que esas barreras perjudican su calidad de vida y que eso se podría evitar.

Hay mucha gente que tiene problemas para desplazarse, para moverse... cualquier momento es bueno para prestarles un poquito de atención. Aunque no le echemos cuentas, la inaccesibilidad es un problema social, que está ahí, en las calles de cualquier ciudad.